sábado, 17 de enero de 2026

La corte de los animales


El acusado se encontraba arrodillado, atado de piernas y de manos, una venda le cubría los ojos, únicamente se percibía el hipnótico ritmo del sonido del viento atravesando la copa de los árboles, la penumbra cubría con su delicada espesura las figuras de los presentes.

Búho había dado por iniciado el proceso del juicio, el veredicto ya estaba decidido de antemano, pero en el ritual de la corte de animales la decisión tenía que ser analizada y comprendida del todo antes de dictar sentencia, no había fiscales ni defensa. Al acusado nunca se le permitía hablar; un baile de sombras y argumentos discurría a través del velo de su conciencia.

Lobo: –A este lo he estado vigilando muy de cerca, a menudo me presenté ante él en sus momentos de mayor necesidad, ¡Pero cuando fue momento de actuar se mantuvo impávido!  Lobo olfateaba como distinguiendo complejidades en los aromas. –Sigues apestando a miedo, humano.

Búho: –¡Y siempre buscando razones para todo! Atrapado en su pequeña cárcel de la razón. De pronto Búho empezó a ulular de forma discreta, pero sardónica. Los miembros guardaron silencio por unos momentos porque dentro de toda la corte se aceptaba de manera tácita que era el miembro que albergaba mayor sabiduría.

Una voz sibilante irrumpió en el círculo.

Serpiente: –Otro cobarde que se niega el cambio, la estabilidad es tu propia ruina. Tu anquilosamiento no te procura otra cosa que miasma y podredumbre.

Una cornamenta majestuosa se disipó de entre las sombras, con aquella majestuosidad que se revela de manera pausada.

Ciervo: –Este prefirió elegir a otros antes que a sí mismo, tiene un resentimiento que le brota del corazón, como un gusano enquistado que le corroe de a poco.

Cuervo empezó a graznar y después se detuvo un instante. Un pequeño resplandor se le asomaba en la mirada. –Nunca termina lo que empieza, nunca termina lo que empieza, nunca…

De pronto Búho lo interrumpe y golpea su cetro ocho veces en el piso, —El veredicto es culpable —dijo Búho—.

—¡Culpable de ser humano! —respondió la corte.

—A partir de ahora estás condenado a ser libre, a elegir sin nuestra ayuda, a equivocarte sin máscaras —concluyó Búho.

El juicio había llegado a su fin; los primeros rayos del amanecer empezaban a iluminarle el rostro al condenado.