miércoles, 17 de agosto de 2011

Conferencia sobre Ética


Porque lo único que yo pretendía con ellas era, precisamente, ir más allá del mundo, lo cual es lo mismo que ir más allá del lenguaje significativo. Mi único propósito -y creo que el de todos aquellos que han tratado alguna vez de escribir o hablar de ética o religión- es arremeter contra los límites del lenguaje. Este arremeter contra las paredes de nuestra jaula es perfecta y absolutamente desesperanzado. La ética, en la medida en que surge del deseo de decir algo sobre el sentido último de la vida, sobre lo absolutamente bueno, lo absolutamente valioso, no puede ser una ciencia. Lo que dice la ética no añade nada, en ningún sentido, a nuestro acontecimiento. Pero es un testimonio de una tendencia del espíritu humano que yo personalmente no puedo sino respetar profundamente y que por nada del mundo ridiculizaría.

L. Wittgenstein

viernes, 5 de agosto de 2011

Sobre el Dolor del otro


¿Puedo observar el dolor de alguien
sin sentir con él tristeza?
¿Puedo contemplar el pesar de alguien
sin intentar aliviarlo?

¿Puedo observar la lágrima derramada
sin compartir el dolor?
¿Puede un padre ver a su hijo llorar
sin someterse a la pena?

¿Puede una madre escuchar indiferente
el lamento de un niño, el temor de un infante?
¡No, no! ¡Imposible!
Nunca, eso jamás será posible.

¿Puede aquel que a todo sonríe
oír los gemidos del ave?
¿Escuchar a sus pequeños pesarosos y necesitados?
¿Escuchar el llanto de los niños que sufren?

¿Sin sentarse junto al nido
rociando de piedad sus pechos?
¿Sin sentarse junto a la cuna
vertiendo llanto sobre las lágrimas del niño?

¿Y no pasarse día y noche
secando nuestras lágrimas?
Oh, no, eso jamás será posible.
Nunca, nunca será posible.

Nos reserva a todos su alegría;
se transforma en joven;
se transforma en hombre compasivo.
También él siente dolor.

Piensa que eres incapaz de suspirar un suspiro,
sin que tu hacedor no esté a tu lado;
Piensa que no puedes llorar una lágrima
sin que tu hacedor no esté llorando.

Ah, nos otorga la alegría
que destruye nuestras penas.
Hasta que nuestro dolor se haya vaciado,
junto a nosotros se lamentará.

W. Blake

lunes, 11 de julio de 2011

Mallarmé Asaltado


Faunos ebrios de trasmundo
Desafíos desgarrados
Diversos amigos míos
He aquí roída mi nativa nobleza
De las barbas de las calles cuelgan cantos
joyas lúgubres asaeteadas por el hambre
/ pus & sombras : sed vacía /
Encanecen los drenajes
las jaurías se autoapañan
Hablo en oro & me desgasto
Flor extraña la del sueño por las noches
Cuerno recio : borbotón de sangre
La arenas de polilla vueltas tótems
por la angosta boca abierta de la herida
No estoy muerto
Pulso mi arco
La humareda cojimanca del paisaje hace buches de rodillas
No hay cristales que galopen de mi mente a esa banqueta
De mis luces / sólo espinas
pero no / pero no

M. S. Papasquiaro

viernes, 8 de julio de 2011

Las Partículas Elementales


Las formas de la naturaleza son formas humanas. Es en nuestro cerebro donde aparecen los triángulos, los entrelazamientos y los ramajes. Los reconocemos, los apreciamos; vivimos en medio de ellos. En medio de nuestras creaciones, creaciones humanas, comunicables a los hombres, nos perfeccionamos y morimos. En medio del espacio, el espacio humano, tomamos medidas; con estas medidas creamos el espacio, el epacio entre nuestros instrumentos.
El hombre poco instruido siente terror ante la idea del espacio; lo imagina inmenso, nocturno y vacío. Imagina a los seres en la forma elemental de una bola, aislada en el espacio, encogida en el espacio, aplastada por la eterna presencia de las tres dimensiones. Aterrorizados por la idea del espacio, los seres humanos se encogen; tienen frío, tienen miedo. En el mejor de los casos atraviesan el espacio, se saludan con tristeza en mitad del espacio. Y sin embargo ese espacio está en su interior, se trata de su propia creación mental.
En ese espacio al que tanto temen los seres humanos aprenden a vivir y a morir; en medio de su espacio mental surgen la separación, el alejamiento y el sufrimiento. Sobre esto hay muy poco que decir: el amante oye la llamada de su amada a través de los océanos y montañas; a través de océanos y une para siempre. La práctica del bien es una unión, la práctica del mal una desunión. El otro nombre del mal es la separación; y aún hay otro más, mentira. Solo existe un entrelazamiento magnífico, recíproco e inmenso.

M. Houellebecq

miércoles, 29 de junio de 2011

Ampliación del Campo de Batalla


Algunos seres experimentan enseguida una aterradora imposibilidad de vivir por sus propios medios; en el fondo no soportan ver su vida cara a cara, y verla entera, sin zonas de sombra, sin segundos planos. Estoy de acuerdo en que su existencia es una excepción a las leyes de la naturaleza, no sólo porque esta fractura de inadaptación fundamental se produce aparte de cualquier finalidad genética, sino también a causa de la excesiva lucidez que presupone, lucidez que trasciende claramente los esquemas perceptivos de la existencia ordinaria. A veces basta con colocarles otro ser delante, a condición de suponerlo tan puro y transparente como ellos mismos, para que esta insoportable fractura se convierta en una aspiración luminosa, tensa y permanente hacia lo absolutamente inaccesible. Así pues, como un espejo que devuelve día tras día la misma imágen desesperante, dos espejos paralelos elaboran y construyen una red límpida y densa que arrastra al ojo humano a una trayectoria infinita, sin límites, infinita en su pureza geométrica, más allá del sufrimiento y del mundo.

M. Houellebecq

sábado, 4 de junio de 2011

Velas


Frente a nosotros,
como una fila de velas encendidas,
-radiantes, cálidas y vivas-
están los días del futuro.

Los días del pasado son
esas velas apagadas.
Las más cercanas todavía humeantes,
las más lejanas encorvadas, frías,
derretidas.

No quiero verlas. Me entristece
recordar su brillo.
Frente a mí miro las velas encendidas.

No quiero mirar hacia atrás y asustarme:
cuán rápido la negra fila avanza,
cuán rápido las velas apagadas crecen.

C. P. Cavafis

sábado, 28 de mayo de 2011

Las Muchedumbres


No es dado a todos tomar un baño de multitud: gozar de las muchedumbres es un arte; y sólo puede darse, a expensas del género humano un atracón de vitalidad aquel a quien un hada haya otorgado desde la cuna el gusto por el disfraz y la máscara, el odio por el domicilio y la pasión por el viaje.

Multitud, soledad: términos iguales y convertibles por el poeta activo y fértil. Quien no sabe poblar su soledad tampoco sabrá estar solo en una muchedumbre atareada.

El poeta disfruta de este incomparable privilegio: el de poder, a su antojo, ser él mismo y los demás. Como esas almas errantes que buscan un cuerpo, él entra cuando quiere en el personaje de cada uno. Sólo para él todo está vacante; y si ciertos lugares parecen estar cerrados, es porque a sus ojos no valen la pena que se los visite.

El paseante solitario y pensativo obtiene una singular ebriedad de esta universal comunión. Aquel que se entrega fácilmente a la muchedumbre, conoce goces febricientes de que están eternamente privados el egoísta, cerrado como un cofre, y el perezoso, enclaustrado como un molusco. Adopta como suyas todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que la ocasión le ofrece.

Aquello que los hombres llaman amor es muy pequeño, muy exiguo y muy débil comparado con esa orgía inefable, con esa santa prostitución del alma que se da toda entera, poesía y caridad, a lo imprevisto que se muestra, a lo desconocido que pasa.

Es bueno enseñar a veces a los felices de este mundo, aunque sólo fuere para humillar por un instante su orgullo, que existen felicidades superiores a las suyas, más vastas y más delicadas.. Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los padres misioneros exiliados en los confines del mundo, saben sin duda algo de estas ebriedades misteriosas; y, en el interior de la extensa familia que su genio ha formado, deben reírse a veces de aquellos que los compadecen por su destino tan agitado y por su vida tan casta.

C. Baudelaire